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Saturday, October 22, 2011

Mientras tanto, en el salón de la justicia...



No soy un tipo que vibre particularmente con los monopolios, no alabo a los que ganan porque ganan o tienen la sartén por el único lado por donde no pueden quemarse. Pacientemente el mundo y yo hemos ido labrando una prudente distancia. Con una diferencia, que, por ahora, me absuelve de ocuparme de él: Yo sé lo que pasa con él; él no tiene idea qué pasa conmigo. Gotcha…

Las gentes parecen despertar de letargo que les insuflaron los mercachifles, hablan cada vez más fuerte. Las redes (virtualmente) sociales colapsan de gritos y consignas de todo tipo. En el salón del mal, los líderes bancarios y sus sicarios de las bolsas de valores se miran intrigados. Ya el oráculo del dow jones no es tan efectivo ¿Hora de pagarle al Tentador?

Me gusta la metáfora comiquera, la mezcolanza popular divertida con el discurso que quiere decir algo puede ser algo más que una figura retórica y para probarlo reproduzco una vez más en el dulce rigor de mi soledad los discos de Rock In Opposition que lo demuestran. En el salón de la justicia, esto es, en el único espacio inquieto tolerable que es la música, tengo algo más que una vernissage para apurar unos tragos. Tengo libertad que fluye de los auriculares a borbotones. Tengo varias bandas y amigos verdaderos a mis alrededor, en, fin, carry on…

Estos días me han traído el viento fresco de la bella y divertida música que nos legó ese sublime clown: Lars Hollmer. Como solista, como líder de la Looping Home Orchestra o, como es mejor conocido, con las variadas versiones de Samla Mammas Manna, también como sideman de Fred Frith en el seminal Gravity, y tantos otros. Sammla Mammas Manna es una banda sueca que toma su extraordinario nombre de la sana costumbre de los cronopios de escuchar a los niños inventando nombres. Maltid o “La hora de la colación “ es, además del glorioso disco folk cósmico que es, toda una declaración de principios que aparece refrendada en la carátula: Remember: Joy is contagious! Para llevar ese slogan a la práctica harán uso de una rítmica desenfadada, un uso más que inventivo del estudio, de melodías inolvidables, de virtuosismo y colorismo tímbrico a borbotones, de aires circenses que también aparecen, con variantes un poco más sarcásticas, en sus amigos de Etron Fou Leloublan. En una de las últimas encarnaciones de este proyecto, Von Zamla, Lasse (así lo llamaban quienes tuvieron la suerte de ser sus amigos) no halla nada mejor que iniciar su primer disco Zamlaranama con Harujanta, ése clásico instantáneo que no dejo de tararear en todos lados, ante la consternación de transeúntes y alumnos por igual. Usando la clásica impronta del rock europeo no gringuizado, de la mano de fagot y oboe, cortesía de Michel Breckmans, (el mismo de tantos proyectos increíbles) de glockenspiel y acordeón, de teclados, guitarras, bajos, percusiones y falsetes divertidos, Hollmer nos da algo más que el RIO quintaesenciado en esos trepidantes 7 minutos y 50 segundos: Tiene la virtud de brindarnos, en capa tras capa, y de un modo casi inagotable, diversas formas de felicidad… Espero que, donde esté el gran maestro sueco esté divirtiendo a quizás que númenes con su aura esplendorosa de comediante glorioso.



Harujanta... sin palabras.

Volapuk es el proyecto más reciente de Gigou Chenevier, el rabioso tamborilero de Etron Fou. Llevan cuatro discos. Destaco el primero, Le Feu de Tigre, donde un trío de batería, clarinete bajo y cello se llena de contrapunto, rítmica incisiva e intempestivos cambios de temperamento y agógica. Presiento que algunos temas le quedaron a Chenevier de la cantera de Etron Fou como la sarcástica y antiyanqui Coca Cola. Otros temas como Aimables Innombrables, Bach is Back , El sombrero, y el track homónimo extraen todos los colores y técnicas extendidas de cada instrumentos, citas auténticas y falsas de música clásica y folklórica, líneas melódicas complicadas, armonías stravinskianas y un variado y atractivo etcétera, que finalmente confirman la capacidad irreductible del queridísimo Samba Scout para reinventarse . Divertido, complejo, siempre pionero. Excelente.


Bach is back... not dead

Amigos cercanos de Zamla, los belgas Aksak Maboul básicamente son el duo de Mark Hollander y Vincent Kenis, en teclados, clarinete y cuerdas, respectivamente. Escucho Onze dances pour combatir la migraine, su primer disco, yo ya conocía el segundo, Un peu de l’ame de bandits, que contaba no sólo con las considerables garantías de Frith y Chris Cutler y otra vez ese genio travieso de Michel Breckmans, sino que con el ABC propio de lo que se ha llamado Rock in Opposition. Al virtuosismo instrumental, el poliestilismo se le agrega la plunderphonia (esto es, el sampling creativo, la intertextualidad podríamos llamar inventiva de registros discográficos previos) y el dadá (el disco incluye el recurso de Tristan Tzara de componer un tango en base a partituras recortadas en tijera y cuyos fragmentos fueron mezclados no en el estudio, sino en un sombrero). Onze dances… ya presentaba estos y otros elementos con una instrumentación mucho más camarística e íntima. Guitarra, piano, clarinete. Órgano, samplers antes de que los samplers existieran (la cita aparece en el booklet de Un peu…)Pero ya el sentido del humor y la multiplicidad de estilos e intenciones aflora por todos lados: Voces infantiles, falsa música étnica, tríos bartokianos, actitud a lo Erik Satie, proto tecno (escúchese la increíble Saure Gurke), muzak irónico, etc. se suceden para deleite del auditor, que encuentra una recompensa a cada nuevo track, como en un buffet electrónico que se pierde en el espacio. Es en este contexto que el disco Un peu… se comprende de un modo radicalmente nuevo, como una especie de segundo movimiento con aún más fuerzas orquestales en juego.



Saurke Gurke... a bailar, a bailar... en 1977!


Las vertientes del RIO nunca se secan y su vida útil parece gozar de excelente salud, gracias a las nuevas bandas que emergen de sellos como Recommended, Voiceprint o Cuneiform. De este último, y para cerrar esta jubilosa entrega, surgen los extraordinarios Birdsongs of The Mezosoic y su disco Dancing On A’A. Piano, sintetizador, guitarra y percusiones análogas y digitales se conjuran en una sorprendente y contundente fusión de jazz-rock, garage (ojo con la guitarra) y minimalismo. Es como si la agrupación de Phillip Glass hiciera una jam session mientras el otrora minimalista interesante compusiera, esto es, durmiera. El lenguaje de RIO surge claramente en el predominio rítmico, los cambios de métrica, las citas y timbres variados, el minimalismo west coast aflora en las líneas del piano y los secuenciadores, como ocurre en temas como Swamp, Ptinct o A band of Deborahs. El grupo aún está activo. Vale la pena seguir sus nuevos derroteros. No así el del ya repetido en la repetición autor de Einstein on the Beach



Un canto prehistórico de los pájaros mesosoicos, en su etapa inicial...

Posdata arqueológica: En Youtube puede encontrarse una actuación borrosa, de pésimo audio de Von Zamla tocando Harujanta. El archivo es como una postal sepia encontrada en una tienda olvidada de un mercado persa, un saludo sonriente de otro mundo irremisiblemente perdido…

Wednesday, December 27, 2006

Fred Frith o las manos del juglar


La tarde previa

En el comunicado de prensa con el que Henry Cow anunció su disolución en 1978 aparece una afirmación interesante, “Nadie que pretenda comunicarse puede escapar de las consecuencias del uso del lenguaje que adopta”. Esta idea es estupenda para refrendar la discusión que propuse en mi último artículo (ver) pero a la vez pone de manifiesto el ethos musical de uno de los miembros de esta banda, me arrepiento de agregar “uno de los más importantes”, porque estimo que la totalidad de sus integrantes (los de su etapa clásica (1973-1979)) lo es. Dicho lapsus linguae es en si mismo una evidencia de lo que quiero decir ahora, porque Fred Frith es uno de mis héroes musicales y destacar la importancia que tiene su música a nivel personal y a nivel universal no podrá evitar frecuentes cruces entre una y otra cara de la moneda que quiero lanzar al aire ahora. Creo que someter estos pensamientos a un esquema biográfico del autor o reseñar sus trabajos más importantes es algo demasiado fácil, y también conspira con hacer de este blog algo excesivamente aislacionista, lo que no es mala idea, pero ya que comunicar todavía importa, teclado a la obra…

La música de Fred Frith, multinstrumentista británico nacido en 1940, es una experiencia sorprendente y fuertemente cuestionadora de nuestros hábitos de audición, excesivamente domesticados por la comodidad de los medios masivos de comunicación y sus escenas hechas a dedo por los “genios” del marketing. Hablar de hábitos no es casual, las razones por las cuales escuchamos música son tan heterogéneas como convencionales, porque el ritmo es cadencioso y alegre pese a la imbecilidad de quienes componen estos temas (reggeaton) o bien por recuerdos juveniles, postales de un pasado que parece ser ilusioriamente mejor que el elusivo hoy, encuentros amorosos ansiosos e incompletos, crueles y diversos rituales de iniciación juvenil, etc (cualquier canción que entre en el subgénero “de fogata”, o de malas fiestas llenas de espinillas, etc.) Dado que la prensa y los medios consagran estas últimas obsesiones de la recepción, poco es el espacio que resta para la apreciación de la música en sí misma, incluso ante la evolución que ésta haya adoptado.

No son pocos los estudiosos que se han preguntado por qué el público general casi cien años después de la aparición de las primeras obras atonales aún rechaza esta música por ruidosa, sin melodía, etc. Cuando se expone a las personas a obras como las de Schoenberg, por ejemplo, cunde la ofuscación de la mayoría. Ello sin embargo sorprende cuando los mismos músicos tienden a rechazar cualquier escala que no sea una mayor menor o una de blues, o como ejemplo de lo exacerbado, en artistas tan sobrevalorados como Aphex Twin, cuando en un artículo de The Wire se le invita a oir Kontakte, éste coleccionista de tanques no haya nada mejor que decir “no me gusta esta canción (sic) le falta una base de bajo y batería” ¿qué pastillas de estupidez tomó el autor de Selected Ambient Works antes de la entrevista? No sé, pero presiento que ni los mismos músicos saben qué pasa y contribuyen a fomentar malos hábitos en el auditor. Entiendo que la tonalidad no es un proceso reciente en la historia de la música y tomó años en desarrollarse, abolirlo no es fácil, el paso de la polifonía renacentista a la monofonía clásica menos. Tampoco ello es argumento para demoler la atonalidad como un cielo de nubes negras antes de un amanecer como ha dicho, extrañamente, Ligeti ni menos usar la noción de “experimental” con un tono despectivo, que implica mero ensayo, accidente o amateurismo. Simplemente si las personas que frecuentan la cultura pueden asimilar cuadros de Miró o Kandinsky, ¿qué les impide aproximarse a una pieza de Morton Feldman, de canto khoomi, de Etron Fou Leloublan? Quizás los hábitos visuales son más mutables que los auditivos, pero también quizás hay toda una industria que condiciona la mente de sus consumidores para evitar que visiten el camino estrecho. Supongo que por ahí va el problema, basta leer File Under Popular, el excelente libro de Chris Cutler al respecto. Es cómodo escuchar tonteras, es fácil, está bien...
Pasos a través del borde

Fred Frith es, por tanto, un arquetipo de una música subversiva, peligrosa, ¿y por qué? ¿Porque contiene mensajes secretos en backmasking (buuuuuuuuuu, el diaaablo) ¿Por qué escupe virulencia contra las instituciones como el punk, género hoy tan comercial como el pop juvenil tipo High School Musical? No, es algo mejor que eso, felizmente. John Cage ha dicho sabiamente -y con esto dejo más que claro que no soy anticagiano- que no es la revolución la que necesita al arte sino que el arte es el que necesita una revolución. La música de Frith tiene esa rara virtud de separar caminos pero derivándose armónicamente de ellos. Ha sido calificada de experimental y de vanguardia. Frith trasciende estos términos victoriosamente. Categorizar es una obsesión académica y periodística que se convierte de pronto en postulación de la realidad. El argumento de esto se basa en que muchas veces Frith desborda la noción tradicional de “tocar” la guitarra, puede vérsele en muchas ocasiones usando una eléctrica Gibson E5 preparada, a la manera del piano homónimo de Cage. Los trastes han sido amplificados, sucitando la audición de escalas de armónicos “en sentido equivocado” como él mismo señala, además hace tapping con las manos, introduce objetos como cables, o lana entre las cuerdas o percute el puente con baquetas o palillos chinos, todo ello filtrado a través de un sistema dual de parlantes y un juego de pedales en los que se destaca el particular uso que hace el maestro de los pedales de volumen y el overdrive. No es casual, como señala su gran amigo Ferdindand Richard que el mismísimo Miles Davis estaba interesado en Fred Frith como percusionista. Es que Frith discute el rol tradicional de la guitarra entendida socioculturalmente como instrumento armónico o en el caso del rock cantante para darle nuevas dimensiones, como el enriquecimiento de su rol rítmico, habitualmente relegado al mero rasgueo. Escúchese el brillante Guitar Solos, del maestro, disco calificado por la escrupulosa revista Guitar Player como “la física cuántica de la guitarra”, donde Frith explora toda clase de sonoridades, más cerca del piano preparado de Cage y de AMM que de tus habituales y lateros Clapton o Satriani, la guitarra adquiere un nuevo discurso, un nuevo reino oculto en su espectro de sonidos, ahora más amplio, más rico.

Fred Frith compone con un criterio ecléctico, que incluye el formato de la canción popular con técnicas compositivas aleatorias como las de la trinidad Cage, Feldman y Wolf, una de las cuales es el uso de medios gráficos como las fotografías que él mismo toma (es también un artista muy sensible con la cámara), de cuyas estructuras y superficies extrae ideas musicales, (así lo hace brillantemente en Stone, Brick, Glass, Wood, Wire )junto con las célebres Estrategias oblicuas, set de cartas producidas por Brian Eno que le permiten tomar decisiones cuando Frith trabaja con otro instrumento que domina a la perfección, el estudio de grabación. Pero también una de las tareas predilectas de Frith es la improvisación. Dentro de la escuela de Derek Bailey, Keith Rowe, Sonny Sharrock y Lou Reed, Frith improvisa con técnicas extendidas derivadas de estos autores y otras muy propias desarrolladas durante décadas, hoy por hoy plenamente insertas dentro de su gramática personal, ello, por tanto, no es experimento, por tanto, sino lenguaje propio, pero no busca las confortables escenas conventuales de las academias donde todos se aplauden cínicamente a sí mismos. Frith hoy por hoy, ha sido reconocido y enseña en el célebre Mills College, pero sigue siendo un músico que elige transitar por las calles y oírlas. Pero al oírlas, más aún, creo que quiere escucharse a sí mismo oyendo...

Fiesta instantánea

En el notable filme Step Across The Border, magistral documental sobre el autor y las diversas perspectivas en que puede ser abordado un sujeto con una cámara, señala Frith que el objetivo que él alcanza es análogo a los músicos de blues, busca hacer que la guitarra hable, o sea, encontrar una voz propia a través del instrumento de seis cuerdas. Pero estimo que el maestro va más allá. Gran parte de la música del autor es analizar las consecuencias de dicho lenguaje, su música es por lo tanto multidimensional, cubista, dialéctica. En su discurso, Firth integra la canción pop, el folklore balcánico, la improvisación libre, los sonidos cotidianos del medio ambiente, la música docta contemporánea a veces simultáneamente, conflictivamente. Un complejo diálogo de culturas que rompe la semántica habitual del formato standard de un tema para introducir interpolaciones, comentarios, repeticiones, marginalia aparentemente inconexa, explosiones de distorsión y armónicos, citas humorísticas, melodías sencillas y altamente memorables, etc. Generalmente las obras de Frith tienen como base un entramado de patrones rítmicos irregulares, armonías cromáticas o extraídas como dije del folklore centroeuropeo, en torno a las cuales giran caranavalescamente efectos, ruidos y voces varias, breves solos de guitarra extendidos u oleadas de instrumentos diversos, varios de los cuales los toca el mismo Frith, todo ello guiado por melodías divertidas y memorables (sí, buen hombre, la vanguardia también la hace gente divertida) que arrancan más de una risa al auditorio y pueden cantarse durante días.

La libertad es tus amigos

Así ocurre por ejemplo en la impecable trilogía de álbumes que el maestro grabó para Ralph Records, el sello que The Residents tenían en los ochentas, Gravity, con su folklore rural inserto en la confusión urbana, grabado junto a Sammla Mammas Manna en su cara A y junto a The Muffins en la B, Speechless, el que estimo uno de sus mejores trabajos, junto a Etron Fou Leloublan y Massacre, que perfecciona esta confusión en la ciudad como una metáfora de la incapacidad de comunicarse, véase uno de los temas más extraordinarios del autor, Laughing Matter; y Cheap at Half a Price, su polémico disco de canciones, que no viene sino a refrendar el interés que tiene el maestro por este misteriosamente inmortal formato sonoro ya desde su brillante trabajo en Art Bears junto sus ex partners de Henry Cow Chris Cutler y Dagmar Krause, y luego de manera jubilosa e insolente en el mordaz comentario político de Skeleton Crew, junto a Zeena Parkins y el tristemente desaparecido Tom Cora. A mí me gusta el Frith cantante, desaforado, apasionado, clownesco, (vamos, ¿quien no ríe a gritos con True Love o Its’ fine?)

Pero Frith abarca aún más terreno en su noble feudo, siempre en crecimiento, como un nuevo imperio de los sentidos. Frith, como buen egresado de la escuela de Henry Cow, buscará en el trabajo colectivo, inspiración y alimento para su arte. El maestro es frondosamente modesto a la hora de reconocer a todos aquellos que han trabajado con él y han contribuido a perfeccionar su arte. Particularmente ello es visualizable en sus trabajos improvisatorios con una larga lista de genios que pueden constituir el who is who de la mejor música de hoy: John Zorn especialmente en el “Taller de Composición“ Naked City y la obra maestra de todos los tiempos Art of Memory, dueto en el que se homenajea a su vez al célebre tándem Derek Bailey-Evan Parker, notable es su colaboración con Bill Laswell, el bajista y productor con el cual formó el potente power trio Massacre, el mejor desde King Crimson junto a Fred Maher y luego, mejor aún, con Charles Hayward, mención aparte para su colaboración con el glosolálico genio vocal David Moss y su Dense Band, además de sus duetos de antología con su camarada de toda la vida Chris Cutler, con Henry Kaiser, Rene Lussier, Jean Pierre Drouet, Peter Kowald, la increíble Evelyn Glennie y un largo, largo etc. Como el mismo Frith lo señala en uno de sus temas, queda más que claro que la libertad es tus amigos...

Finalmente no puede dejar de destacarse su impecable música para películas de las cuales ejemplos destacados son Eye to Ear,The Top of His Head y la premiada Rivers and Tides. Ballets como Allies y su más reciente veta “docta”, en obras de cámara como Traffic Continues, obra maestra junto al Ensemble Modern, el trabajo más arriesgado emprendido por esta maravillosa agrupación, algo admitido por ellos mismos, aún más que su trabajo con Mauricio Kagel o con Frank Zappa, especialmente por el alto grado de improvisación que Frith le demanda al conjunto en su totalidad. En ésta y otras obras como la ya mencionada Stone, Brick, Glass, Wood, Wire, junto con Pacifica, The Previous Evening además de Lelekovice, su primer cuarteto de cuerdas (no olvidar que Frith es un magnífico violinista, véanlo en acción en Step Across the Border) , o su trabajo con el celebrado Fred Frith Guitar Quartet, obras en las que el maestro ocupa técnicas como la alternancia aleatoria de bloques precompuestos -muchos de ellos alterados en el estudio como en The Technology of Tears donde fusiona edición analógica con cintas recortadas a mano y edición digital- y la “extracción melódica” definida por el autor como la proyección de una melodía en diversos grados de dinámica y articulación, de tal manera que aunque no lo parezca, todo el tiempo ocurre el mismo evento sonoro. Como siempre intervienen, no obstante, citas de otras músicas, samplers y giros humorísticos.

Siempre el mismo hombre, canta Frith, cuestionado desde sí mismo, hacia fuera, no recluida en preconceptos, viva y pluriforme a través de las vibraciones y cómo estas (de)construyen la conciencia, proyectando críticamente la imagen que los otros tienen de ti y tú mismo contribuyes a fomentar. Al igual que la Ventana de Johari, la música de Fred Frith devela las diversas dimensiones del yo, a través del jocoso y profundo continuum de su maravillosa música.

Famosas últimas palabras

Lamento lo apretado de este comentario, tantos son sus discos, tantas sus colaboraciones y proyectos que no cabe duda que Frith amerita un libro completo, por su humanidad, generosidad, humildad y talento que sobrepasa el estupor del auditor cuando toma contacto con su único sonido. A mí me ocurrió una noche de 1996, en una triste semana en la que planeaba acabar con mi vida, de pronto sin sentido, de pronto sin magia. Entré a un concierto de Frith y Cutler en el Centro de Extensión de la Universidad Católica, escuché ese increíble diálogo de guitarra y batería, vi las increíbles variaciones en un discurso que no parecía de este mundo, todo lo que hacían era asombro, era inquietud y planteamiento, viví la música y al instante todo cambió. Quizás nunca lea esta torpe glosa Mr. Frith, pero quiero que sepa que ese día usted y Chris Cutler salvaron mi vida y le dieron un nuevo comienzo. Que se burlen los otros, sé que usted elegirá siempre la verdad íntima detrás de las cosas.
Basta de palabras y véalo en vivo, joven:



Hipertextografia:

Página web del maestro, incluye sus más recientes proyectos.
http://www.fredfrith.com/

Discografía del autor, algo incompleta pero da una buena idea sobre con quien ha trabajado
http://home.arcor.de/nyds-exp-discogs/frith.htm
Algunas improvisaciones del maestro en mp3, página académica, aclaro.
http://besser.tsoa.nyu.edu/impact/f01/Focus/Media-arts/glitch/improvandext.htm

Buena entrevista en espagnole
http://www.etcetera.com.mx/1999/359/xq359.html

Buena entrevista en engelsk
http://www.paristransatlantic.com/magazine/interviews/frith.html

Fragmento del documental “Touch the Sound” con Evelyn Glennie y Fred Frith
http://www.youtube.com/watch?v=H3I8TTelv2I

Otra actuación de los dos genios
http://www.youtube.com/watch?v=brIIEBvwiz8&mode=related&search=

Fragmento de Step Across the Border
http://www.youtube.com/watch?v=CSWFGE9YF-o

Improvisación del maestro
http://www.archive.org/details/FredFrithOM11

Sunday, November 26, 2006

Henry Cow o la búsqueda fraternal del asombro



Historia y prospectos

Los años setenta fueron años misteriosos sin duda. La Revolución de las Flores, la primera mediática, se sirvió de una legión de entusiastas que simularon poder cambiar el estado de cosas, con el Make love not War exhibido, literalmente, por John y Yoko. como paradigma preclaro. Pero bien lo dijo una vez Bill Kreutzman creo, el baterista de Grateful Dead: pensábamos que éramos miles, millones, al final ¿cuántos? Quinientos quizas... y menos. Ahí están el fraude de Woodstock y la tragedia de Altamont para probarlo. Revoluciones de verdad son aquellas que cambian no un discurso sino un devenir histórico, el resto es mera retórica, cuando se apela a un proceso social. Es por ello que las crisis energéticas y económicas de los setentas hicieron olvidar el sueño de estío hippie y comenzó un agitado invierno de gran incertidumbre política. Hoy, testigos de Chernobyl , el derrumbe del Muro de Berlín y del coloso soviético nos cuesta creer que la revolución maximalista soñada por Marx o Lenin estuvo apunto de triunfar en todo el mundo precisamente en esos años tan plagados de terrorismo, golpes de estado y gorilas de todos los colores.

El anhelo por una utopía social de pronto se hacía más que posible, ello inspiró a numerosos músicos a integrarse a las vociferantes marchas de obreros y estudiantes que fatigaron las urbes del mundo, buscando convertirlo en el paraíso de una clase obrera a la cual muy pocos de ellos pertenecieron o pudieron alguna vez pertenecer. La lista es extensísima y vale por sí sola un artículo completo, quiero destacar la actitud de una banda que se plegó a esta causa perdida con un entusiasmo y näivete conmovedores, lo que quizás fue la causa mater del increíble corpus de obras que nos dejó: Henry Cow.

Fuera del mapa

Es probable que haya pocos ejemplos de un grupo de músicos que haya analizado tan profundamente dicho concepto, el de grupo como estructura colectiva de creación e interpretación, puede verse con gran eficacia estética en el trabajo de otras agrupaciones como la Arkestra de Sun Ra, AMM, Magma, Faust o la Scratch Orchestra, que ciertamente inspiraron el quehacer de Henry Cow. Leyendo la historia del grupo en la página web de su baterista, el gran Chris Cutler y las transcripciones del difunto fanzine francés Atem, puede verse un colectivo que crece lentamente del amateurismo al más complejo nivel compositivo y virtuosismo instrumental, preservados integramente en las respectivas carreras solistas de cada miembro desde la disolución “oficial” de Henry Cow en 1979. Digo oficial porque entre ellos jamás ha cesado la cooperación en cada nuevo proyecto. Físicamente ya no existen pero su espíritu se preserva intacto: Música dialéctica con su propia estética y recepción, que dialoga conscientemente con modelos del pasado, que anticipa el futuro, que interroga irónicamente el rol de una banda con formato de rock en una sociedad de consumo y la "comodidad" de un circuito pasivo que sólo traga modas y nada cuestiona.

Henry Cow, como pocos, convirtieron la música que tocaban en un tema de análisis estético y sociológico. Como Faust, como los Mothers de los sesenta experimentaron con todo lo que tenían a mano, como AMM privilegiaron las decisiones colectivas por sobre ego trips que podían acabar con la música (como le pasó a Pink Floyd después de Dark side of the Moon), como Magma, vieron su arte no como un espejo autocomplaciente sino como un martillo que rompe... pero que a la vez construye; como la Scratch Orchestra, como la Arkestra investigaron e integraron lenguajes disímiles y equívocos en un discurso musical único. No obstante, las diferencias salen rápidamente a flote. Perseveraron, a diferencia del primer Faust, (banda genial pero letárgica), no renunciaron a la experimentación y a la búsqueda de nuevas sonoridades a favor de un populismo mal entendido como la agrupación de Cardew, Rowe, Skempton y Hobbs. Crearon discos polémicos, complejos pero durables, radicalmente distintos unos de otros. El gran Klotz Zazpihaak será un fan reconocido pero criticará su falta de orientación, que sí tenía Magma, pero yo creo que se debe a la infatigable, inquieta y pluralista búsqueda de sus integrantes.

Alabanza del aprendizaje

Así es, ese pool magnífico de ases de la improvisación y la composición que son Fred Frith, Tim Hodgkinson, Chris Cutler, John Greaves, Lindsay Cooper cubrió una impresionante cantidad de terreno con convicción y consecuencia. Del dada blues y el folk imaginario a la Captain Beefheart en los algo indecisos inicios a la notable fusión canterburiana-Zappa (etapa Uncle Meat) de su primer disco Leg End, (así, tal cual) para luego quemar todas las naves y apostar al montaje dadaísta en la cara B del largaduración siguiente Unrest. Nuevo switch y de la épica social que traspasa la historia de In Praise of Learning (¿cuántos grupos le ponen un nombre así a un disco en el mundo falsamente engreído del rock?) al eclecticismo magistral de Concerts, summa de varia invención de la banda, al que estimo su mejor disco. Y de ahí al gran finale que es Western Culture, donde la banda recapitula los estamentos básicos de su música, que algunos encasillan como rock de cámara, término atractivo que no fue invento de ellos, (ni de David Gilmour, señores periodistas, ay, ay, cuándo estudiarán un poco antes), en verdad lo hizo Zappa en la etapa 1966-1969 de los Mothers), pero que encarnan a la perfección junto a bandas afines a ellos, todas tan anticomerciales, postergadas e ignoradas por el fascismo de los media como estos genios británicos: Univers Zero, Art Zoyd, Etron Fou Leloublan, Sammla Mammas Manna, etc, todas ellas autoras de discos de calidad espectacular, sin ninguna excepción.

El rock de cámara es la antítesis del pomposo rock sinfónico, más que una excusa para gimnasias manuales virtuosísticas y glamorosas depresiones on stage, no desdeña escalas y sistemas alternativos de diseños de ritmo y frecuencias, exploran sin prejuicios la técnica de sus instrumentos en obras fundamentalmente electroacústicas que no vaclian en incluir instrumentos inhabituales o en desuso como spinet, bombardo, pianos de juguete, objetos domésticos y por supuesto el estudio de grabación como instrumento per se. Añadamos a esto un sentido del humor, parodia, citas disímiles fruto de un conocimiento musical enciclopédico (falta crónica en la música de hoy en día, sobre todo en la cultura de la cita por excelencia que encarna el DJ)

Ok, ok, pero, ¿Qué música hacen? Puedo adivinar que murmuras, lector si te has perdido como supongo, a esta tremenda banda, superior 100% a la horda de bandas como Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull, el Genesis de Phil Collins, Yes, Marillion etc. (Dejo fuera como excepciones notables a King Crimson y Van Der Graff Generator y el último disco de la ex banda de Peter Gabriel, The Lamb Lies Down on Broadway, producido por Eno): un rock politonal de rítmicas irregulares y cambiantes, armonías con un uso creativo de disonancias y técnicas extendidas de instrumentos, citas irónicas de las más dispares fuentes, letras de alto vuelo poético y compromiso social, las dos últimas como parte de un incisivo comentario político, alternancia entre composición estricta e improvisación libre,e tc. Todo ello avalado por el heterogéneo background de sus integrantes: Fred Frith trajo sus influencias del folklore balcánico y la aproximación aleatoria de John Cage, Tim Hodgkinson, los happenings y el Free Jazz, John Greaves, la frescura del pop y la canción, Chris Cutler, la rítmica poliforme de Varese y la psicodelia, el rigor de la formación clásica y de la gran tradición musical inglesa que vino por vía de Lindsay Cooper, etc.

Juntos crearon temas demandantes en su audición, pero de gran recompensa estética como Nirvana for mice, Amigdala, Half Sleep Half Awake, o las alucinantes Ruins o History and Prospects , juntos mandaron a volar a los A&R a buena parte, fueron pioneros en la creación de sellos independientes y canales autónomos de distribución, crearon una corriente de noble descendencia, el Rock in Opposition, más radical y rupturista que tu comercial y desaliñado punk, discutían y creaban la música que presentaban sin compromiso a un público no masivo pero si consciente, que es el que realmente importa.

El tapiz de las delicias

Una revisión de la carrera de cada miembro de Henry Cow en su devenir solista es un deber para mí, pero escribo estas pocas y quizás predecibles líneas a la mejor banda de los setenta, mis verdaderos “Más grandes que Jesucristo”. Para muestra un bocato di cardinale: En Concerts escúchese la improvisación libre Oslo, grabada en la ciudad del mismo nombre circa 1975, en estos excitantes 27 minutos, el espectro dado por cada instrumento es explorado al más intenso detalle: minúsculos fragmentos de percusiones en staccatto se alternan con notas granulosas de bajo y guitarra preparada mientras saxo, órgano y oboe se cruzan y alternan, impartiendo escalas modales y sobretonos en veloces síncopas. Luego el caos se complejiza: Las líneas y tempos se entrecruzan en furiosa lucha, acordes de piano a la escuela serialista se derraman sobre una urgente percusión de cada rincón de la batería, gritos desgarradores de Dagmar Krause (cantante del grupo por varios años, gran solista de voz injustamente vilipendiada por los ignorantes de siempre) ahogados por Frith y Greaves que traen un oleaje distorsionado de glissandos en fluctuante crescendo que pronto ceden paso al meditativo solo de ¡fagot! de Lindsay Cooper, al que se une una cascada de percusiones que se derrumban, con la electricidad de Frith y Greaves al fondo como sirenas ululantes, mientras Hodgkinson añade los gritos de auxilio de su saxo alto... así es como Henry Cow recrea el esplendor de horror y luz del Guernika de Picasso ante nuestros azorados oídos. ¡Este sí que es un verdadero tapiz de las delicias!

El martillo de Henry Cow, bello como la luna y terrible como un ejército con banderas, (otro título de una de sus composiciones) luchó por un sueño que la propia avaricia de los hombres tornó imposible, pero su ardiente llamado a la libertad de la consciencia es lo que sus mágicas vibraciones nos siguen entregando momento a momento, en el fragor del corazón de la bestia donde vivimos.

Frith, Cutler y Hodgkinson en vivo en The Stone, 2007:



Hipertextografía:

Tributo de Perfect Sound Forever
http://www.furious.com/perfect/henrycow.html

Un must: Historia de la banda contada por Chris Cutler
http://www.ccutler.com/ccutler/bands/group02.shtml

Entrevista a la banda a mediados de los ’70, documento histórico
http://calyx.club.fr/index/articles/hcowzigzag.html

Revisión crítica de la obra discográfica del grupo:
http://traversesmag.org/articles/henrycow.htm

Advertencia: No lean la entrada sobre H.C. en la Gibraltar Enciclopaedia of Rock: Es una completa, completa estupidez. Lo van a hacer igual, pero ya saben...