Tuesday, November 07, 2006

Haz tu propio tipo de música

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Un interludio o breve apología de una isla nefasta

Nobody can tell ya
There's only one song worth singing
They may try and sell ya
Cause it hangs them up to see someone like you

But you've gotta make your own kind of music
Sing your own special song
Make your own kind of music
Even if nobody else sings along

You're gonna be nowhere
The loneliest kind of lonely
It may be rough going
Just to do your thing's the hardest thing to do

But you've gotta make your own kind of music
Sing your own special song
Make your own kind of music
Even if nobody else sings along

So if you cannot take my hand
And if you must be going
I will understand

MAKE YOUR OWN KIND OF MUSIC
(Barry Mann / Cynthia Weil)
Mama Cass Elliot



En una entrega que hice hace unas semanas sobre Cocteau Twins advierto un error no sé si involuntario que debo más a la desidia de la coyuntura que otra cosa. Acerca de un playlist conjetural en un I pod, (también conjetural porque no tengo uno ni tengo la más mínima atención de hacerme con uno) situé una estadía en isla desierta y señaladamente la de Expedición Robinson, idiotez, lo admito, quería burlarme del clon chileno de esta serie, porque aquí si algo saben hacer es pésimos refritos televisivos. Debería haberme referido a otra isla más inquietante…

Sí, buen hombre, este autor es fanático a ultranza de Lost y habría sido genial que un personaje como Sawyer, Locke o la deliciosa Libby hubieran tenido un I pod, walkman o lo que sea en esta lograda serie. Ella, con Cocteau Twins, el rudo texano con Neil Young y el gran Box Man con Scriabin o Wagner. Claro, las quejas de los lateros de siempre atochan los foros, que la serie es tramposa, que no aclara nada, que confunde, que es una burda copia de esto y de aquello en fin toda esa gente, pobrecita, que no sabe distinguir entre plagio y cita o que el atributo esencial de toda ficción de buen nombre es precisamente la ambigüedad y la pluralidad de sentidos. Lost ofrece todo ello y más. Es curioso, porque todos esos vociferantes ignorantes condenan lo que por otro lado aplauden. La confusión del espectador o lector es una virtud del arte desde siempre, piénsese en las pinturas trompe l’oeil, las películas como El club de la pelea, cualquiera de M. Shymalyan o la propia Memento. La literatura abunda en ejemplos célebres, desde el mismo Quijote, cuando el autor olímpicamente traslada la ficción al terreno de la propia “realidad” del lector, volviéndola también ficción; otra trampa célebre es Los asesinatos de la Rue Morgue de Edgar Allan Poe, donde las conjeturas sobre la ejecución de un crimen son más complejas y aterradoras que el burdo, rústico y peor aún casual homicida, las pistas, declaraciones de testigos e hipótesis policiales arman la figura de un crimen espléndido e inédito en la mente del lector, ¿defraudado? en las páginas finales.

Tal como sugiere el célebre tahúr Jorge Luis Borges, el lector de esta novela es más perspicaz que los detectives. Pero ¿pierde éste realmente? Le digo como experto en el oficio, jefe, el arte se trata de una elaborada y consentida estafa que nos deleita de un modo masoquista, quizás porque sabemos cuál es su finalidad última. Y eso es tan perturbador como excitante. Eso, ¿o acaso se olvida que ficción es sinónimo de mentira? Vamos al cine, leemos una novela o vemos un cuadro para que nos engañen de un modo divertido y a la vez edificante… pero ese engaño siempre tiene una verdad innegable en su doble fondo… la propia condición humana. (Modestamente como antecedente serio de Lost propongo La isla de mediodía de Julio Cortázar, ese niño grande despreciado por los duros de la inteligentzia latinoamericana) En cuanto a series no es fácil encontrar precedentes de calidad, pero en Twins Peaks y Evangelion pueden hallarse senderos parecidos. Lost toma el relevo de la ficción como laberinto que pierde para que el extraviado gane algo. Un regalo numinoso que le pertenece tan sólo a él. No es tu fábula neoclásica tipo película de Spielberg, es una pedagogía más perversa, claro aunque más efectiva en último término.

Y todo esto a propósito del título de esta entrega: Make your own kind of music es el tema de Mama Cass que acompaña el primer capítulo de la temporada segunda de Lost, cuando un aparentemente normal ciudadano llamado Desmond inicia su diaria rutina… en la Escotilla o Estación El Cisne de la Dharma Initiative. En medio del descrédito de los otros, cuando la soledad no es grata y se vuelve árida y pese a todos los altos designios destinados a hacerte fracasar, qué mejor que seguir tu propia intuición, crear tu espacio inquieto, hacer tu propia música. Fernando Pessoa, otro amo de espejos engañosos ha escrito que el mundo no es verdadero pero sí es real. Lo que concebimos como lo que es, es calculado fraude o ajena asignación. Percibirlo, comprenderlo es quedarse solo, por eso me gusta esta canción y en el contexto brillante en que aparece. En el misterio ominoso de la isla-laberinto el hombre, despojado, debe re-inventarse, re-crearse (¿habrán hecho eso Los Otros?), y por ello re-conocerse. El magistral manejo del flashback en Lost, notablemente ilustrados por el ruido de la turbina del avión, contribuye a reconstruir los recuerdos de los personajes para legitimar o (destruir) la imagen o certeza que de ellos mismos han construido.

De acuerdo, Make your own kind of music no es la pieza más brillante de la cultura occidental, pero cumple un requisito más que aceptable: suscita emociones profundas en el espectador, refuerza semióticamente la acción y lo que la rodea. El slogan de la actual temporada reza “Find yourself”, para lograrlo, amigo mío, debes hacer tu propia música. Los compositores que hasta ahora he intentado presentar y los que siguen en mi lista (lostie pun non entended) han luchado por lograr hacerla, cantan su propia canción, se rebelan, y nos revelan. Quizás aquel que deba ser el perdido sea el espectador. Y si hay que recorrer largas galerías circulares, abrir escotillas, o rasgar bosques de velos la vida entera para conocernos de verdad a nosotros mismos, bien vale la pena jugar este juego.

1 comment:

Pattywar said...

Ahora que lo pienso, y mira que no lo había pensado, encuentro similitud entre Lost y muchas de las obras literarias que han marcado mi gusto por este arte.

Para empezar, la más obvia de las novelas: The Lord of the Flies de William Golding. La diferencia de edades no importa, ya que los niños de la novela de Golding llegan a la isla con prejuicios, miedos y una carga emocional que marca su comportamiento en la isla.
Creo que hasta veo a Piggy reflejado en el gordito que se sacó la lotería.

Por otro lado, hay mucho del gran maestro Buñuel en Lost. El ángel exterminador maneja ese mismo aire de misterio y de miserias humanas al descubierto frente a la adversidad.

Tiene la isla de Lost algo de Áulide, de Ávalon y obviamente un poco del paraíso imaginado por Daniel de Foe.

Saludos